lunes, 18 de febrero de 2013

Tentando a Jace/Capitulo 21 y 22





Clarisa Morgensten es la periodista que ha descubierto el secreto de Jace y que lo tentará hasta puntos insospechados. Pero lo que ambos no saben es que cuando un miembro de las castas encuentra a su compañera se ven sumergidos en un estado febril de lujuria que puede consumirlos a ambos y del que no hay escapatoria. Lenguaje Adulto y Escenas explicitas de Sexo

Historias contadas con personajes de diversas autoras juveniles en un mundo y contexto diferente.
 Escenas de sexo explicito y lenguaje adulto. Estan advertidos!





             CAPÍTULO VEINTIUNO


Se quedaron en la casa durante dos días mientras Jace recorría la casa y comprobaba la cuenta de correo electrónico oculta que tenía. Todos se habían reportado. Estaban seguros, pero dos de los mensajes despertaron sus instintos de autodefensa. El primero de Dayan, jurando que Sebastian y los hermanos Tyles fueron vistos reuniéndose con los soldados, coordinando una búsqueda para encontrar a Jace que cubrió cada pulgada de las montañas. Otro mensaje era de Jesamine, informándole que ella y un pariente los buscaban desesperadamente para compartir información. Maldijo violentamente cuando le llegó aquel correo electrónico. Le había ordenado que se quedase a salvo, disuadiéndola de reunirse con Sebastian Morgenstern. ¿Por qué había tomado ella esto en sus propias manos? ¿Y quien estaba mintiendo? ¿Jesamine o Dayan? Por primera vez desde que se unieron Jace comenzó a cuestionarse la lealtad de la manada.
– ¿Esta todo bien? – Clary estaba de pie entre la cocina y la sala de estar, mirándolo con interés.
Su cabello estaba enredado alrededor de su cara, la somnolencia todavía enrojecía su piel. La había dejado durmiendo en la cama, después de varias sesiones de encuentros amorosos que lo habían dejado agotado.

Ella vestía una de sus camisetas. El dobladillo de algodón azul cubría sus muslos y colgaba sobre sus hombros delgados. Lo íntimo de que ella llevara su ropa le produjo una sensación visceral de deseo que no pudo negar. Posesión, en carne viva y ardiente se acumulaba en él. Su mujer.
–Todo esta bien, – le aseguró en voz baja, poco dispuesto a preocuparla.
Él vio la preocupación en sus ojos sin embargo, y supo que no la había engañado. Sus vidas pendían de un hilo ahora, los peligros inherentes a la situación lo aterrorizaron. Clary no sabía del mal que existía en el Consejo y él rezaba por que ella nunca aprendiera.
–Tenemos que ponernos en contacto con Sebastian, Jace, – dijo Clary, abordando un tema que él no estaba dispuesto a discutir aún. –Él va a estar preocupado. Esto no es bueno, tampoco. –
Él podía ver la absoluta fe en su hermano reflejada en su expresión. Pensaba en su familia antes de pensar en ella. Confiaba en ellos cuando no podía confiar en nadie más, especialmente en el maldito soldado hermano de ella.
–Tengo que estar seguro de que él no nos traicionó primero, Clary.– Dijo sacudiendo la cabeza, mirando fijamente el correo electrónico de Jesamine.
Podría asumir que la traición vino de Sebastian, o de uno de los suyos. ¿Cuál era la persona más probable que quería verlos a Clary y a él capturados y muertos?
–Sebastian no me traicionaría, Jace, – le dijo Clary en voz baja.
No había cólera en su tono, sin embargo. Ella confiaba implícitamente en su hermano.
– ¿Cómo puedes estar tan segura, Clary? – Suspiró. – El ataque vino horas después de su llamada. –
–Lo sé, porque conozco a Sebastian. – Ella sacudió su cabeza, acercándose más a Jace.
Se acercó al canapé a lado de él, se sentó y lo contempló en forma solemne.
–Sebastian se enojó terriblemente cuando Papá le mostró la caja que tu madre le había enviado después de su muerte, – reveló. –No sé por qué, pero sé que él estaba lastimado. Lastimado y enfadado, pero no contigo. Pasó meses recolectando evidencia, trabajando, revelando a los miembros del Consejo. Tiene una larga lista y un montón de pruebas contra ellos que te aterrorizarían. –
Jace la miró entornando los ojos.
– ¿Por qué no me dijiste esto antes? – Le preguntó.
–Intenté decirte, pero nunca quisiste oírlo. – Clary puso los ojos en blanco ante su abrupta pregunta. –Te dije que teníamos todo calculado. ¿Pensabas que te estaba mintiendo? –
–Infiernos, si yo supiera que pensar entonces, o ahora, – dijo gruñendo, cerrando el programa de correo electrónico y acomodándose en el piso. –Sé que hemos sido traicionados por alguien cercano a nosotros, y acusar a tu hermano es más fácil que la alternativa viable. – Mejor creer eso, que creer que uno de los nuestros lo haría.
Él no podía sacar el pensamiento de su cabeza, que uno de los suyos lo había traicionado, o el recuerdo de aquel aroma en las cuevas, impregnándose en el cuerpo del soldado.
– ¿Cual es la alternativa? – Preguntó Clary con cuidado. – Jace, Sebastian no sabía que nosotros estábamos en pareja, o todo lo que esto implica. Incluso no estaba seguro de que tuviéramos sexo. Lo sospechaba, pero él no sabía que era algo más profundo. –
–El lo sabía. – Jace frunció el ceño. Sabía que Sebastian al menos había sospechado que su hermana estaba demasiado implicada emocionalmente con su amante para marcharse. El Consejo habría sospechado el resto basado en esto.
Clary suspiró. –Tal vez lo sabía, pero él no nos habría traicionado a mí o a ti. Él ha puesto demasiado en esto, ha tomado demasiados riesgos para si mismo. –
– ¿Por qué? – Jace chasqueó la lengua. – ¿Por qué haría el esto, solamente por una historia? Él no necesitaba nada más que las pruebas de Celine para contarla. –
Clary mordió sus labios pensativamente.
–No sé por qué, – finalmente admitió. –Todo lo que sé es que él lo hizo. Y sé que él ha estado muy alterado desde que esto ocurrió, casi obsesionado con ello. Él no te traicionaría, no solamente debido al riesgo que implicaría para mi, si no debido a cualquier cosa que lo conduce por este camino. –
Jace gruño bajo.
–Ese es un sonido muy atractivo. – Él se dio la vuelta sorprendido por la excitación que se escuchaba en su voz.
Ella lo miraba, su cuerpo relajado para un cambio, su cabeza inclinada pensativamente.
– ¿Qué? – Preguntó el con cuidado.
–El gruñido de tu voz, – le dijo, mirándolo con deseo y los párpados pesados. –Me hace temblar, hace a mi cuerpo querer rozar todo el tuyo.–
Ella no estaba caliente aún. Él olisqueó el aire con cuidado. El olor de mujer caliente, dispuesta estaba allí, pero no la lujuria desesperada a la que él estaba acostumbrado a oler cuando ella lo quería. Jace la miró con cuidado, no viendo nada en su expresión que indicará que las necesidades químicamente inducidas la poseían. No había ningún olor de ello en el aire, ninguna desesperación, nada de músculos tensos mostrando o insinuando su necesidad.
Había algo evasivo, sin embargo. Como la débil fragancia de primavera. Él admitió estar un poco más confuso ahora.
– ¿Por qué me miras así? – Ella pasó sus dedos por su cabello, intentando recuperar el orden. Ella todavía parecía sexy y despeinada aunque, caliente y seductora.
–Me deseas. – Él estaba más que un poco asombrado por aquel hecho.
–Bien, buuu., – ella le dio una mirada que sugería que comenzaba a sospechar de su inteligencia. – ¿Solo te figuras eso, Sherlock? –
Jace frunció el ceño.
–Mujer, eres una criatura vil. – Él permitió que el estruendo en su pecho resonara en su voz.
Su cara enrojeció, pero su expresión mostró la expresión de que la estaba tentando.
–Soy una bruja. – Ella se reía claramente de él. –Pregúntale a Sebastian, él te lo dirá. –
La mención de su hermano lo puso serio. Introdujo las manos en los bolsillos de sus vaqueros y se acercó a la ventana que mantenía con las cortinas corridas. No veía hacia afuera, no había ninguna necesidad. Había bastante fauna en el área que le avisaría si estuvieran siendo acechados. Los pájaros dejarían de cantar, las ranas enmudecerían su serenata de noche.
– ¿Tienes alguna manera de comunicarte con él, alguna otra que no sea el teléfono celular? – Le preguntó.
Ella suspiró, poniéndose seria. Estaba llena de risa y esperanza, a pesar de las circunstancias. Su inocencia le asombraba y aterrorizaba.
–No, no realmente. – Él echó un vistazo atrás cuando ella se encogió de hombros. –Sebastian aseguró los teléfonos que estábamos usando antes de que partiera así las llamadas no podía ser cortadas o rastreadas. Ambas unidades tienen un indicador sobre ellas, en el caso imposible de que algo pasara y alguien cerrara el canal. Él tomó cada precaución posible con ellos. –
La unidad de Clary estaba en su bolso. Él había sentido la vibración de este, por la mañana cuando había desenterrado las municiones para su pistola.
–Tu hermano o el mío nos ha traicionado, – le dijo, mirando su rostro palidecer con el choque. –Estamos en problemas aquí, Clary. El Consejo sabe que estoy apareándome contigo; ellos no se detendrán ante nada para atraparte ahora. Hicieron de todo para que tuviéramos descendencia mientras estábamos en cautiverio, pensando que teniendo nuestros niños sería más fácil controlarnos. Si te atrapan, entonces me tienen de buen grado, y ellos saben esto. –
Observó el miedo que se reflejó sobre su cara. Tragó fuerte, sus manos estrujaron la camiseta en su cintura, sus dedos blancos con la tensión que invadía su cuerpo.
– ¿Qué es lo que haremos? – Preguntó.
Jace espiró bruscamente. –Tengo dos opciones, ninguna es segura. Podríamos dejar el país y desaparecer, pero esto no es una garantía de que no nos encontrarán. Nunca estaremos realmente a salvo y ninguno de nuestros hijos va a estar salvo. O yo podría confiar en tu familia y hacer lo que viniste a pedirme que hiciera, pero aún si así fuera no hay ninguna garantía. Ambas opciones están llenas de peligro, Clary. No habrá paz para nosotros, cualquiera que sea el camino que escojamos. –
La esperanza llenó su expresión. Tenía la certidumbre que sus hermanos y su padre podría solucionar cualquier problema. Él se preguntó como habría sido crecer en un ambiente tan seguro, protector. Tener tanta fe en alguien que no fuera uno mismo.
– Sebastian sabe lo que hace, también los demás, Jace, – le prometió desesperadamente. – Tengo siete hermanos, cada uno de ellos ha estado trabajando en esto durante más de seis meses. Gray esta con el FBI, Caleb es un investigador privado, Sebastian tiene toda clase de contactos en la C.I.A. y hasta el otro lado del océano. Ellos tienen las cajas de pruebas, pero necesitan que lo confirmes. Puedes hacer esto, Jace. Podemos hacerlo juntos. –
Su expresión suplicaba, sus ojos grandes y llenos de confianza. Esta vez en él. Lo veía como si él pudiera solucionar este problema a su voluntad. Quiso maldecir su inocencia, pero se encontró desesperado creyendo en ello también. Seguramente, esto no podía ser tan simple. ¿Después de años de correr, décadas de duda y desesperación, esto realmente podría ser tan fácil? ¿Desde luego esto no sería así, pero qué otra opción tenían?
–Esperaremos un día más, – finalmente dijo suspirando, mientras echaba un vistazo hacia atrás al ordenador, los correos electrónicos que había recibido le molestaban más de lo que quería admitir. William y Edward habían hecho una copia de los suyos a cada uno de los demás miembros de la manada. Jesamine no lo había hecho así. El correo electrónico había venido por separado y cuidadosamente cifrado. Ella no confiaba en nadie ahora, excepto en Sebastian Morgenstern y él mismo
–Creo que Dayan me ha traicionado, – finalmente le dijo suavemente. –Su olor estaba en la cueva y encima de los soldados. Él estaba enterado del acoplamiento y ha estado furioso por eso. Su inestabilidad podría haberlo conducido hasta el borde. –
Él ocultó su rabia, su dolor. Si Dayan había traicionado a la manada, entonces recaería en el su muerte. Dayan sería cazado, algo que Jace juró a los demás que nunca harían otra vez.
–Jace. – Clary se sentó a sus pies, con expresión triste, llena de dolor por él.
Él sacudió su cabeza, alejándose de ella. No quería su ternura en ese momento, no mientras estuviera lleno de esta rabia.
–Los liberé y cubrí sus fugas con las muertes de científicos, soldados y doctores, – susurró. –Los gritos de gente muriendo todavía resuenan en mis oídos, las muertes de los bebés que estaban en incubadoras todavía afligen mi conciencia. – Se mesó sus cabellos, luchando ante los recuerdos de horror y de pesar.
–Hiciste lo que tenías que hacer, Jace. – Ella le dio su total aceptación, cuando él no la tenía para el mismo.
–Juré que nunca los cazarían otra vez, – susurró, luchando ante la herida que rasgaba su alma. –No me gustaría cazar a mi hermano, Clary. Saber que la bestia lo venció no nos da ninguna esperanza al resto de nosotros. –
– ¿Estas hablando en serio? – La cólera incrédula se escuchó en su tono. Él se dio vuelta con sorpresa.
Sus manos estaban apoyadas sobre sus caderas, sus cejas fruncidas mientras le miraba fijamente como si él se hubiera vuelto loco.
– ¿A que te refieres? – Le preguntó con cuidado. Demonios, ella podía ser demasiado voluble.
– ¿La bestia le venció? – Ella resopló de una manera poco elegante. Probablemente podría culpar a Sebastian por aquel hábito. –Con más probabilidad esta saliendo su naturaleza humana. ¡Caray!, Jace, los animales no se traicionan el uno al otro, debes ver el Discovery Chanel § un poco más a menudo. Honestamente, tienes que investigar. Sólo los seres humanos se venden el uno al otro, sólo los seres humanos se matan sin ninguna razón. Yo diría que quizás Dayan consiguió un poco más de ADN humano que el resto de ustedes. –
Ella cruzó sus brazos sobre sus pechos, haciéndolo apartar la vista como si él fuera un niño que necesitara una lección. ¿Dónde estaba el miedo de esta mujer? ¿Su respeto? Incluso los científicos le habían mostrado mayor temor.
Él levantó una ceja. Ella no entendía lo que los científicos habían creado, como ellos habían intentado entrenarlos. Él podría perdonarle su ignorancia, decidió.
–Ah, mira la ceja arqueada, – dijo burlonamente. – Lion O
§ piensa que él sabe más que yo. –
Jace rechinó los dientes.
Clary levantó sus manos conciliadora.
–Bien, cree lo que quieras, – musitó. –Justo como un hombre, lo harás de todos modos. Pero te digo ahora mismo, y averiguarás que tengo razón, Jace Wayland, Dayan es un típico psicópata. Eso está allí en sus pequeños y maliciosos ojos. Nunca confié en él. –
– ¿Existe tal cosa como un típico psicópata? ¿Viste eso también en el Discovery Chanel querida? –
Sus ojos se ensancharon un poco inclinando su cabeza como considerando si se burlaba de ella.
–Estoy segura que es así y estoy segura de tener razón. Tengo un hermano que esta en psicología, él conoce todo sobre ello y estoy segura que estaría de acuerdo conmigo. –
Figúrese. ¿Había allí algo que aquellos hermanos de ella no hicieron? ¿Y ellos alguna vez discreparon con el pequeño diablillo que estaba de pie a frente a él? Se le ocurrió que ella estaba un poco consentida por aquellos hermanos suyos.
– ¿Entonces que vas a hacer? – Allí estaban aquellas manos sobre las delgadas caderas otra vez.
Sus pechos empujaban contra la camiseta, los duros pezones como un faro ante sus ojos. ¿Cómo se suponía que un hombre razonara cuando se enfrentaba con aquella vista?
–Te lo dije, lo decidiré por la mañana, – gruñó, luchando contra la lujuria que no tenía nada que ver con cualquier olor de necesidad que proviniera de su cuerpo. Para variar, el leve y ardiente olor estaba apenas presente. Aunque lo que el detectaba ahora, era mucho más destructivo. Una mujer irritada, enfadada, y sencilla. Su pene palpitó.
–Bien, ahora sabes lo que pienso. Voy a tomar un baño y tú puedes sentarte aquí y pensar todo lo que quieras. Después prepararé la cena. Hago una gran ensalada de pastas. –
Ella desapareció de la habitación antes de que él pudiera gruñir. ¿Ensalada de pastas? Él no pensaba en eso.


                                                                                                                                                                                                                                         





              CAPITULO VEINTIDOS



Clary hizo su ensalada de pastas para acompañar los filetes que hizo Jace y patatas al horno. Comieron en silencio, luego juntos limpiaron la cocina . Sirviéndose una copa de vino, Jace regresó a la sala de estar.
Su silencio no la ponía nerviosa. Clary podía suponer lo que el estaba pensando, las opciones que tenían. No, que ella viera que hubiera muchas opciones. Había que llamar a Sebastian, tanto si le gustaba eso a Jace o no. Su familia era su única esperanza.
Ella se sentó sobre el sofá mientras él paseaba por la habitación, ignorando el aumento de calor entre sus muslos. Admitía que el deseo normal que sentía por el no era suficientemente malo, pero esta tensión que estaba aumentando, esta fiereza que parecía empeorar cada vez que hacían el amor, la estaba volviendo loca.
–Quítate la camiseta. – Su voz se escuchó tensa, violenta, su sexualidad a flor de piel.
Clary le lanzó una mirada de sorpresa cuando el caminó hacia ella. Sus movimientos lentos y llenos de gracia, los vaqueros no ocultaban el bulto entre sus muslos que parecía ponerse más grande entre mas más cerca estaba.
Su expresión era absorta, casi salvaje. Sus ojos estaban brillantes, encendidos en el profundo bronceado de su cara. Clary sintió su corazón golpeando rápidamente, su respiración se hizo mas profunda y lamió sus labios con anticipación. Esto sería un acoplamiento. Las ocasiones anteriores habían sido lujuria, un alivio del fuego que rabiaba entre ellos. Pero esta vez sería diferente, ella podría sentirlo.
Alzó los brazos sobre su pecho, levantando la camiseta sobre su cabeza con un movimiento lánguido, mientras recogía sus piernas al canapé, quedando ligeramente inclinada. Esta vez ella no se rendiría ante él fácilmente. Por un momento, le preocupó, el sentimiento que se precipitó sobre su cuerpo. Se sintió casi animal, la necesidad por él que iba más allá del simple deseo, su determinación de hacer que ella lo deseara, de igual manera que ella a él.
Él se detuvo, sus ojos se estrecharon mientras su mano iba al cierre de sus vaqueros. Las manos de Clary fueron a sus pechos; ella los ahuecó despacio, sus dedos masajeando sus pezones, y arqueando sus pechos hacia él. Un movimiento que quería ofrecer y atraer. El gruño bajo y profundo haciendo una mueca con sus labios. Clary se rió de él, entornando sus párpados mientras se lamía los labios observaba el orgulloso miembro surgir de sus vaqueros abiertos.
–Abre tus muslos,– ordenó, ella se estremeció al escuchar su voz con una nota sensual.
Clary elevo los pies en cambio. No le daría nada de buen grado esta vez. Si él quisiera, si él quisiera tomarla, hacerle el amor, entonces tendría que luchar por ello. De donde venía su renuencia salvaje, no lo sabía. Que le hacía negarse a las demandas de su cuerpo, no estaba segura. Pero esto estaba allí y rehusaba hacerse a un lado.
–No estas desnudo aún, – le dijo con un poco de timidez. – ¿Me tomarías todavía vestida, con tu pene como la única piel desnuda tocándome? –
Sus ojos siguieron sus movimientos con cuidado.
–Estoy al borde, Clary, – advirtió Jace, con voz oscura. –Este demonio se ha elevado demasiado rápido, demasiado fuerte dentro de mí. Acuéstate y no luches contra mí. No quiero hacerte daño. –
Ella le echó una mirada sobre su hombro mientras daba una vuelta alrededor de él.
–Quizás seas tu el que terminará lastimado,– sugirió, con tono bajo, estremeciéndose ante el aumento de este deseo nuevo e intrigante que se elevaba dentro de ella. – ¿Por qué debería rendirme? Tú te acuestas, y me permites hacerlo a mi manera. –
Su mano rozó su nalga cuando pasó al alcance de su brazo. La sensación de su propia mano contra sus nalgas envió una ola de puro calor precipitándose sobre su cuerpo. Cuando ella lo miró sobre su hombro, pasó sus uñas a través de su piel, previendo que le dejaría su marca.
Su cara enrojeció, sus ojos brillaron. Él se movió sin precipitarse, despojando los vaqueros de su cuerpo, tensos y duros los poderosos músculos de sus piernas y muslos cuando los envió al canapé.
–No seré fácil, Clary, – le prometió, moviéndose alrededor de ella, acechándola, con clara intención en su expresión.
–Ni yo, – prometió ella.
Lo sabía antes de que saltara. Ella miró los músculos de su pecho. Un instante antes de que él se moviera, ella corrió hacia la escalera. Sintió su corazón galopando áspero y ruidoso dentro de su pecho, su sangre corriendo rabiosa por sus venas, el deseo aumentando alrededor de ellos, impulsándolos en un juego desesperado de dominación.
Él la atrapó a mitad del camino encima de la escalera. El calor de su cuerpo cubrió el suyo cuando la cogió alrededor de la cintura, la detuvo en el descanso de las escaleras, doblándola por las rodillas. Clary lo esquivó. Sintió su erección deslizándose contra sus nalgas, calentando la grieta estrecha con su calor increíble. Él estaba duro y grueso, y sería tentador dejarlo pegado en sus caderas y permitirle empujar dentro del canal mojado y necesitado que el buscaba.
Le permitió creer que esta era su intención. Se relajó, moviéndose contra él, y cuando sus brazos se alejaron para tomarla por sus caderas, ella subió unos pocos pasos más. Desde luego, él la dejó ir, ella no era lo bastante tonta como para creer que en realidad se había escapado.
Clary echó un vistazo hacia atrás, mirando como él subía detrás de ella. Se movía rápido, su expresión era salvaje. Corrió a toda velocidad por el dormitorio, con la intención de cerrar de golpe la puerta detrás de ella, bloqueándole el paso, dejándole solo el aroma de su lujuria para tentarlo. Ella lo hizo pero al tratar de empujar la puerta, él estuvo allí, empujando por delante de ella, cerrándola de golpe detrás de ellos.
– ¿Quisieras intentar ocultarte bajo la cama? – Sugirió sedosamente cuando la tuvo contra él.
– ¿Quisieras probar mis rodillas en tus partes nobles nuevamente? – Sonrió, mientras observaba su estremecimiento. Su cara se tensó definitivamente.
–Me quieres, – acusó sin acalorarse. –Puedo ver tus jugos brillar en tu coño. –
Ella lamió sus labios, pasando su lengua sobre ellos saboreándolos lentamente mientras sus ojos llameaban.
–Solo tómame. – Dijo. Y añadió –Si puedes. –
Él sonrió.
– ¿Piensas que esto será fácil otra vez, Clary? – Le preguntó a ella, con voz baja y peligrosa. – ¿Piensas que simplemente será otra dura y rápida cogida antes de que me introduzca dentro de ti? –
Su vagina se apretó en anticipación. Pero él sólo sacudió su cabeza ante ella.
–No esta vez,– Le advirtió. –Esta vez, te haré rendirte. –
– ¿Y cómo es que tienes la intención de hacer esto? – Le preguntó maliciosamente.
Su mano se dirigió a su miembro. Él lo acarició despacio, sus movimientos lentos.
–Cuando termine, Clary, no habrá una entrada en tu dulce cuerpo que no habré tomado. – Él avanzó más cerca de ella, mientras ella retrocedía, mirándolo con cautela ahora.
–Te tendré sobre tus rodillas, tus labios envueltos alrededor de mi pene hasta que eyacule dentro de tu ardiente boca. Joderé tus labios como he soñado hacerlo desde la otra noche cuando robaste mi control. Y cuando haya terminado mi primera carga allí, te pondré sobre tu estómago, abriré tus nalgas y te joderé hasta que quede anclado allí, llenándote con más de mi semilla. Y ambos sabemos que yo todavía estaré duro cuando haya terminado. – Él no hizo caso de sus ojos abiertos al máximo. Ella no podía imaginárselo cabiendo allí. –Entonces, levantaré tus caderas y joderé tu pequeño gatito caliente hasta que quedes ronca con tus gritos, tu cuerpo pulsando con tantos orgasmos, que me pedirás que me detenga.–
–Excelente itinerario,– dijo dulcemente. –Lo estabas haciendo muy bien hasta que mencionaste la cosa esa, la anal, Jace. Ambos sabemos que no cabrá, así que no hagas promesas no puedas mantener. –
Él sonrió un segundo antes de que se lanzara encima de ella. Clary apenas tuvo tiempo de soltar un pequeño grito de alarma antes de que él la inclinara sobre sus rodillas frente a él. Sus manos sostuvieron sus hombros, manteniéndola sujeta a pesar de sus esfuerzos. Su pene se acomodó en sus labios, mientras una mano soltaba su hombro para agarrar su mandíbula, sosteniéndola todavía.
–Lo harás, – gimió.
La cabeza de su erección se embutió contra sus labios húmedos, sus dedos abrieron su boca hasta que se deslizo en su cavidad con un gruñido. Ella lo haría, Clary, lo sabía, pero su clímax no sería tan fácil. No con ella. No aún.
Ella rechazó apretar sus labios sobre él. Su lengua lo acarició con lentos y suaves estoques, su cuerpo se endureció tanto como su carne dentro de su boca. Un bajo y sexy gruñido, llenó el silencio mientras el le sostenía su cabeza, sus caderas empujándose contra ella, adentro y afuera mientras buscaba el alivio en las profundidades húmedas de su boca.
El duro y grueso miembro en sus labios la quemaba con su calor. Ella lo chupó con un movimiento lento, perezoso de sus labios, mientras miraba hacia arriba, observando su cara retorcerse de placer. Sus manos estaban en su pelo, amasando su cuero cabelludo; sus cortas uñas raspando su piel eróticamente. Clary gimió ante el creciente entusiasmo, luego sintió el temblor sobre el cuerpo de Jace en las vibraciones contra su erección. La tensión creciente y la excitación la quemaban viva.
Clary sentía que estaba poseída y al borde de una excitación sexual diferente a lo que había sentido antes. La sensación de su miembro en dulces embestidas dentro de su boca, su posición, el predominio de él, se unían para llevarla a elevadas alturas de pasión. Su escroto apretado contra la base de su miembro y el gemido áspero de placer en aumento que le susurraba en sus oídos. Ella lo lamía como si fuera caramelo, de la base a la punta. Sus labios acariciaban y daban lengüetazos, extendiendo la humedad de su boca sobre su dura vaina mientras lo chupaba ligeramente.
Ella rechazaba apretar sus labios. Quería tentar y jugar. Lo quería salvaje y caliente, más salvaje de lo que él alguna vez había estado antes. Sus dedos aprisionaron el tenso saco bajo su erección palpitante, sus uñas raspándolo ligeramente, y su lengua seguía el camino de su pene, con besos húmedos y ligeros ignorando sus desesperados gemidos.
– Chupalo, Clary, – gruñó, apretando sus manos en su cabello. – Demonios, hazlo. –
Ella lo miró desde debajo de sus labios, tentándolo y desafiándolo a que la castigara. El juego sexual se calentaba de un modo nuevo y peligroso. Sintió un poco de nerviosismo por sus propias acciones, pero la demanda principal dentro de ella rechazaba dejarla ceder fácilmente. Rodeó el eje de su miembro con su lengua, luego acarició con suavidad, el área increíblemente sensible donde la lengüeta pulsaba justo bajo la piel, amenazando con surgir, suplicando por el desesperado empuje de su boca para traerla a la vida.
–Esto es un juego peligroso, bebe, – susurró mientras ella sonreía.
Clary sintió que su útero se contraía, sintió que se deslizaban lentamente los jugos de su vagina. Estaba mojada y ardiente. Su propio orgasmo estaba a sólo unos breves empujes si él la empalara con el grueso miembro que tenía en la boca. ¡Y que instrumento de tortura sensual era¡
Acomodando su lengua a lo largo de la rigidez creciente, lo encajonó cómodamente en su boca y lo lamió otra vez. Despacio. Se negaba a ceder ante sus acalorados gemidos.
–Clary, bebé, me estas matando, – jadeó cuando sus dedos se unieron al juego, acariciando y jugando con su escroto con ligeros golpes y leves arañazos.
Sus manos la mantuvieron en su lugar, rehusando retroceder, seguir con la tortura de su lengua sobre su erección. Sus muslos se endurecieron como roca con fuerza ahora, de repente arqueó sus caderas para empujar sobre su boca.
–Demonios, – gruñó con voz ronca. –Pagarás por esto, Clary. Chupa mi condenado pene. –
Él presionó la longitud de su carne en su boca, casi hasta llegar a sus amígdalas antes de que ella apretara su boca contra el, sus dientes raspando el acero revestido de seda, su boca caliente y húmeda, apretando, mientras el comenzaba a introducirse con cortas y breves embestidas.
–Sí. Sí. Así, – susurró, su voz dura, sonando torturada por el placer.
Él la estaba mirando fijamente concentrado mientras seguía empujando dentro de su boca. Sus párpados pesados, su cara sensualmente enrojecida, sus labios separados y llenos mientras respiraba fuerte y profundo, con tensos gruñidos que salían de su pecho. Clary acomodó sus manos alrededor de la base de su pene, gimiendo cuando sintió la erección incipiente de la lengüeta. Habría aflojado la presión entonces, pero las manos de Jace le apretaron las mejillas y la mandíbula contra su pene.
–No más juegos, – gruñó eróticamente mientras continuaba empujando su miembro peligrosamente cerca de su garganta.
La amenaza sólo incitó su lujuria desesperada. Comenzó a mamar más profundo, su lengua acariciando con golpes rápidos mientras él comenzó a moverse mas duro dentro de su boca. Él era salvaje ahora, salvaje en su intensidad sexual. Los duros contornos de su cara estaban estirados, los dientes apretados ante la creciente proximidad de su orgasmo, Clary sintió que su pene palpitaba, la lengüeta emergiendo, extendiéndose a lo largo de la piel, completamente erguida.
La necesidad estaba sobre ella ahora. Quería saborearlo. Quería oír sus gritos desesperados, mientras el se estremecía y esparcía su semilla en las profundidades de su boca. Quiso probarlo, amarlo. Quiso mostrarle, demostrarle que ella lo aceptaba a él, todo de él, cada deseo, cada acto que el tuviera con ella.
– Clary. – Él bombeaba más duro, más rápido, sólo sus manos reforzadas en la base de su erección le impedían llegar hasta el fondo de su garganta.
Un gruñido bajo, atormentado surgió de su garganta mientras su respiración se volvía áspera y profunda. La transpiración brillaba en su frente, sus manos estaban detrás, en su cabello, apretando los hilos de seda. Clary sintió la erección completa de su lengüeta, al menos de media pulgada de longitud, tiesa, pulsante. Enroscó su lengua alrededor de él, su cuerpo tensándose, mientras un grito animal surgía de su boca cuando ella lo acarició y lo raspó con su lengua. Empujó contra ella desesperadamente ahora, su cuerpo temblando, la lujuria alcanzándolo. Él se comportaba salvaje, desesperado por la liberación, cuando ella sintió la primera ráfaga dura de su chorro de semen en su boca, escuchó un grito felino de satisfacción estallando fuera de su boca. Él mantuvo un clímax prolongado, llenando su boca con los líquidos de su liberación.
Clary todavía rechazaba dejar de lamerlo. Su cuerpo se estremecía cada vez que ella lamía la cabeza, la lengüeta palpitante, los pequeños chorros de su esperma que salían de de su cuerpo con cada embestida, por largos momentos. Finalmente, la lengüeta se retiró otra vez, pero el duro miembro permaneció. Él se retiró de ella, sus ojos y su expresión eran salvajes, cuando la tomó de la cintura y la puso rápidamente a sus pies.
–Mía. – Su voz se escuchó áspera, demandando su posesión.
Ella sonrió lentamente, tentándolo.
–Entonces pruébalo, – susurró.



§ Discovery Chanel-Canal de Televisión norteamericano, de documentales de la vida salvaje animal.
§ Popular Caricatura en los años 80 de los ThundersCats, ella hace referencia al líder del grupo

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