Clarisa
Morgensten es la periodista que ha descubierto el secreto de Jace y que lo
tentará hasta puntos insospechados. Pero lo que ambos no saben es que cuando un
miembro de las castas encuentra a su compañera se ven sumergidos en un estado
febril de lujuria que puede consumirlos a ambos y del que no hay escapatoria. Lenguaje Adulto y Escenas explicitas de
Sexo
Historias
contadas con personajes de diversas autoras juveniles en un mundo y contexto
diferente.
Escenas
de sexo explicito y lenguaje adulto. Estan advertidos!
CAPÍTULO NUEVE
– Jesamine, vete de aquí si es que quieres las muestras de sangre. – La voz de Jace era baja, él podía sentir y oír el gruñido que salía de su pecho. ‘El frenesí de acoplamiento’ lo consumía, pero sabía que Clary se sentía torturada por ello. Podía oír sus gemidos nuevamente, oler su calor.
– ¡Demonios!, Cal, debes traerla a la cabaña, – discutió Jesamine con ferocidad. –Una tienda no es el lugar más romántico. Y es seguro que no es el lugar ideal para obtener muestras.
–Si la toco, perderé el control, Jesamine, – susurró Jace.
La admisión de ello le golpeó con sorpresa. Él no podía tocarla, no podía estar cerca de ella. Casi se podía escuchar el silencio espeso y denso proveniente de Jesamine.
–Bien, retírate. Iremos por ella y conseguiremos las muestras. No te le acerques, Jace. Necesitamos su sangre y muestras de saliva antes de que la toques nuevamente.
–Entonces será mejor que lo hagas rápido. Si ella envía hacia mi, nuevamente señales de acoplamiento, no me podré contener más. –
Jace desconectó el teléfono celular y se alejó hacia donde no podría interceptar fácilmente su olor. No podía soportar sus gemidos. Y el olor de ella lo hacía enloquecer. Sus manos apretadas en puños, su cuerpo ardiente en su necesidad. Podía sentir la pequeña y diminuta saliente bajo la punta de su martilleante miembro. Un misil. Sabía que eso estaba allí. Lo había visto en los rayos X, incontables veces, pero nunca, en todos los años que había estado teniendo sexo había estado tan visible. Ahora palpitaba. Pulsaba con vida propia; la hinchazón casi insoportable de ello era una demanda hacía su propia satisfacción
Cuanto tiempo estuvo esperando, no estaba seguro. El tiempo fue medido con el latido de su duro miembro martilleando, el golpetear de su sangre por sus venas, la lujuria que aparecía cada vez con mas fuerza.
– ¡Hey hermano, – apareció Edward al lado de él, ya que Isabelle y Jesamine se habían dirigido rápidamente hacia la tienda de Clary. – Dime que es lo que debo hacer.
Jace sacudió la cabeza, suspirando profundamente.
–Encuentra una cura. – Expreso con una risa áspera. –Estamos hablando de una gran complicación aquí, Edward. Hasta entonces, William y tú deben explorar el área, asegurándose que no tenemos alguien observándonos. Seguiré a Isabelle y a Jesamine, en cuanto ellas consigan sacar a Clary de la tienda de campaña, regresaremos a la cabaña.
Edward asintió. Palmeó a Jace sobre los hombros, con un gesto de afecto que todos ellos practicaban, luego se perdió rápidamente en la distancia. Jace se inclinó hacia atrás contra la roca detrás de él y dio un cansado suspiro ¡Caray! Todo era tan complicado.
* * * * *
– Clary. Soy una amiga de Jace. ¿Puedo entrar? – La voz femenina era suave e increíblemente apacible.
Clary se levantó de un tirón quedando sentada, tapándose el pecho con el saco de dormir y miró fijamente a la puerta de la tienda de campaña que estaba con el cierre subido..
– ¿Dónde está el sucio bastardo? – Maldijo con ira, extendiendo la mano y abriendo el zipper con furia. – Voy a matarlo.
Las dos mujeres franquearon la abertura y entraron súbitamente a la tienda. Clary cerró rápidamente la cremallera a sus espaldas lo cual consideraron curioso.
– Clary, tienes que vestirte y acompañarnos a casa. Nuestro doctor les espera a ti y a Jace ahí.
– ¿Hay una cura? – Ella estrechó sus ojos sobre ellas.
–Algo así. – Balbuceó la rubia. –Si te apuras y te vistes te explicaremos todo por el camino.
–Yo no se si puedo caminar, y salir de aquí, – dijo Clary mordiendo las palabras, con la cólera reflejada en su voz. –No sé lo que él me hizo, pero ciertamente no es agradable.
– Jace no esta en su mejor momento ahora, puedes creerlo...
Ahora, mi nombre es Jesamine y esta es mi hermana, Isabelle. Te ayudaremos a vestirte. Mi jeep esta muy cerca, no deberás caminar muy lejos...
Cuando Jesamine terminó de hablar, Isabelle sacó unos shorts de ejercicio de una mochila y una sudadera floja, sin mangas.
–Bien Isabelle, la ropa floja de ejercicio es lo mejor. – Jesamine tomó las prendas y se las pasó a Clary. – ¿Necesitas que te ayudemos a vestir?
–No. – Clary tomó las prendas en sus manos. Ella se había quitado su ropa por una razón, ¿sabían ellas eso?
Levantándose con un irritado suspiro, y rechinando los dientes se vistió rápidamente. El movimiento no era cómodo. Pero nuevamente, respirar no era cómodo. Esto no dolía exactamente. El placer que sintió ante el roce del material de algodón contra su cuerpo fue tan intenso que fue condenadamente imposible contener un gemido cuando el ligero algodón rozó sus pezones.
–Ay Dios, voy a matarlo, – masculló, enrojeciendo de vergüenza.
–Tienes mi permiso. – dijo Jesamine.
Desabrocharon la puerta de la tienda y salieron de ella. – ¿Podrás conseguirlo? Trajimos a un amigo en caso de que no puedas caminar. –
Clary negó con la cabeza, con la vergüenza flameando por su cuerpo ahora.
– Puedo caminar. Démonos prisa, para llegar cuanto antes.
Agradeció que Jesamine estuviera en lo correcto. El jeep estaba mucho más cercano a la tienda de lo que le había comentado. Gracias a Dios, Clary había recordado traer su chamarra. Como su cuerpo estaba ardoroso, la ligera brisa que corría en el bosque le molestaba.
–Persiste y pronto llegaremos. –Le prometió Jesamine cuando salían del sitio donde estaba aparcado el jeep.
Ah, ahora que esto no era una feria.
Clary sentía el éxtasis bailando encima de su espina cuando el jeep saltaba sobre rocas y surcos. Cerró los ojos, sosteniéndose apretadamente a la barra de acero al lado de ella y en el borde del asiento. Cada movimiento de su cuerpo sólo incitaba la fiebre que rabiaba dentro de ella.
–Definitivamente necesito escribir una historia sobre esto. ¿Como lo llama el de todos modos? – Preguntó Clary. – Me siento como si estuviera en un maldito infierno.
–Cerca. – Jesamine le dirigió una mirada concentrada. –Esto es llamado ‘frenesí de acoplamiento ’. Nosotros no sabíamos que existía hasta esta noche. No tenemos mucha información sobre ello. Sólo ha pasado una vez, antes de que nosotros naciéramos.
La declaración no tomó mucho tiempo para golpear el cerebro de Clary.
– ¿Nosotros? – Ella movió bruscamente la cabeza al advertir lo que Jesamine había dicho. – ¿Hay más como Jace?
Jesamine asintió, sin dejar de observar la áspera pista por la que conducía con cuidado. –Hay cinco de nosotros. Tres machos, Isabelle y yo. La evidencia de nosotros fue destruida en el laboratorio. Sólo los archivos sobre Jace permanecieron.
Mañosamente, los científicos intentaron engañar a sus patrocinadores y no les dijeron sobre sus pequeños experimentos con el resto de nosotros. –
Había amargura y rabia en la voz de la mujer, no es que Clary la culpase. Ella sólo podría imaginar los horrores que esas dos jóvenes mujeres habrían pasado allí.
– ¿Entonces ustedes tienen su propio Doctor? – Clary jadeó cuando saltaron sobre una sucesión de surcos. Ah, gloria. Ella cerró los ojos. Si ella no culminaba pronto, iba a quemarse viva.
–Es un científico que se marchó con nosotros. Nos ayudaba en los laboratorios, luego nos ayudó a escapar. Él nos cuida, se asegura que todos estemos bien físicamente. A veces mentalmente también. – Expresó Jesamine con un encogimiento de hombros. – Es un buen hombre. Algo viejo ahora, pero un buen hombre.
– Ohhh..Infiernos, Jesamine, por favor ten cuidado con las rocas, – suspiró Clary con desaliento, viendo como la mujer aceleraba sobre el camino como si fuera tabla de lavar, llena de surcos. –Ah, Dios. Estoy muriendo aquí.
–Lo siento, Clary, realmente tenemos que apresurarnos.
– El jeep
prosiguió al mismo ritmo.
A pesar de la estrechez del camino de tierra, y de la escarpada colina que iban subiendo, la mujer aceleró el jeep a una velocidad increíble y de forma regular subiendo sobre el camino casi infranqueable.
–No estamos lejos ahora, – Prometió Jesamine cuando llegaban a la cima, después una curva, y al siguiente instante otra roca –Solamente unos minutos más.
Una vuelta mas y ahora ellas se encontraron directamente encima del medio de la amplia cala que atravesaba las dos montañas. Varios kilómetros mas adelante, dieron vuelta otra vez a un camino de grava que conducía a una cabaña de troncos grande y rústica. Por eso ella no podía encontrar el camino. Pensó. No había ningún maldito camino.
–Solamente tenemos que poner el jeep en el garaje – dijo Isabelle desde el asiento trasero. – Tendremos que llevarte abajo.
– Doc tiene un pequeño laboratorio debajo de la cabaña, en una caverna que encontramos cuando venimos por primera vez aquí. Lo seco del ambiente, hace que las condiciones sean propicias para su trabajo.
El vehículo estacionó en un amplio garaje, luego se detuvo bruscamente.
–Vamos. Jace estará aquí en un minuto, y quiero asegurarme que estés fuera de su vista cuando te tomen las muestras. – Jesamine le condujo a una puerta que se dirigía a unas frías escaleras.
–Pensé que las pruebas deberían hacerse muy cerca de Jace, – suspiró Clary. – No me gusta esto, Jesamine.
– Bueno, dale tiempo a Jace y te gustará menos, – rió en silencio Jesamine. – Él es mandón y arrogante. Lo amamos, pero a veces destroza nuestros nervios.
– ¿Que hay respecto a la cama? – Bromeó Clary, y siguió a Jesamine por la escalera débilmente alumbrada, pegándosele a sus talones cuando el camino dio una repentina vuelta saliendo a una gran caverna.
La caverna de piedra estaba intensamente alumbrada con luces brillantes, había diferentes mesas, ordenadores y máquinas complicadas.
– ¿Dónde está Frankenstein? – Suspiro, deteniéndose y mirando fijamente a su alrededor asombrada.
–Te dije, él está en camino. – Se escuchó la risa en la voz de Jesamine. –Ven, reunámonos con el Doc y conseguiremos las muestras que necesitamos. –
Muestras. Muestras de sangre, saliva, hasta una esponja en su vagina. Clary se acostó de espaldas en una camilla, una delgada sábana cubriendo la humedad de su cuerpo. Jesamine, Isabelle y el viejo doctor se movían constantemente alrededor de ella. Incluso tomaron muestras de su sudor. Esto no era cómodo, pero comparado con la furiosa lujuria que ella estaba sintiendo, esto no era tan fastidioso.
–Bien, estoy lista para el antídoto ahora, –Declaró Clary cuando comenzó a sentir las fuertes contracciones de su matriz, coincidiendo con las duras palpitaciones de su vagina. –Es tiempo de hacer algo aquí, chicos. –
El Doctor Martin se inclinó sobre un complicado microscopio, ordenadores y artefactos zumbaron cuando presiono el teclado, levantó la cabeza y comprobó su lectura. Dio un largo suspiro, sacudiendo la cabeza.
– ¿Doc? – Jesamine estuvo al momento de pie a su lado, leyendo los resultados sobre la pantalla del ordenador ella misma.
– Un acoplamiento, – refunfuñó el doctor, pasando su mano por su pelo gris, echando un vistazo encima de Jesamine. – Mira los resultados de combinar la esperma de Jace con sus secreciones vaginales.
–Bien, es tiempo ahora de explicárselo a Clary. – Ella se sorprendió al dudar de su propia voz y admitió el miedo que se hacía imposible de mantener a raya.
¿Qué sabía ella realmente de esta gente? Ellos podrían ser peligrosos. Esto podría ser algún espectáculo complicado para sus propios experimentos. Sintió su cuerpo temblar, no solo de lujuria, ahora con miedo.
– Está bien, Clary, – Aseguró Isabelle, con voz suave, vacilante. – Ninguno de nosotros trata de hacerte daño. Estoy segura que el Doc y Jesamine casi han terminado.
Clary alzó la vista hacia la otra mujer, viendo la compasión, las sombras de pesadillas y el oscuro dolor que se reflejaba en sus ojos cafés.
–Pienso que es tiempo de llamar a los Asombrosos siete, – susurró, pensando en sus hermanos. Ellos podrían arreglar algo. –Mis hermanos, – explicó ante la mirada confusa de Isabelle. – Ellos estarán muy molestos con esto. Realmente esta vez he metido la pata.
Sebastian, cabeza dura, antes de averiguar lo que había pasado, gritaría y ella también gritaría, entonces él probablemente mataría Jace. Tal vez esto no fuera lo mas inteligente, al menos no antes de que este problema con sus hormonas fuera arreglado.
– ¿Algunas otras muestras de esperma reaccionan a las excreciones? – Ella oyó que Jesamine preguntaba al doctor.
Oh. Señor, esto era malo. Ellos combinaban las muestras tomadas de su cuerpo con diferentes personas. Dijo Clary entre dientes.
–Suficiente. – Ella no esperó la respuesta del doctor. –Consíganme un teléfono. Es tiempo de llamar a casa.
–Clary, realmente no hay problema. – Isabelle se deslizó hacia adelante, su carita de corazón preocupada como la de Jesamine y el Doctor Martin que giraron hacia ella. –Solo un poco más y habremos terminado.
Clary sentada sobre la camilla, empezó a mover sus pies. Vestirse. Marcharse. Entonces un duro estremecimiento viajo por su cuerpo, su vagina se contrajo y una sacudida de increíble y feroz necesitad sacudió su cuerpo, obligándola a soltar un gemido por su garganta.
–Esto esta mal, – gimió, inclinándose y abrazando su estómago. – Oh Dios, esto esta mal. Es tiempo de ir a casa. –Repitió.
– Clary. – Jesamine se precipitó a su lado cuando sonidos y pitidos metálicos comenzaron a resonar por la caverna así como las máquinas, atadas al cuerpo de Clary por electrodos. Me voy. – Solamente un minuto
– Es tiempo. – Jace apareció de pie en la entrada del laboratorio, su pelo fluyendo sobre sus hombros desnudos, sus ojos de oro brillantes de lujuria.
Clary jadeó cuando él vino hacia ella. Ella tuvo que tocarlo, tenía que tenerlo junto a si. Él la miró, tan grande y duro y tan caliente. No hubo ninguna vacilación en ella cuando él la alcanzó, levantándola de la cama de laboratorio.
Ella gimió en voz alta cuando su piel ardiente tocó la de el, sus brazos la levantaron contra su pecho, giró y salió de la caverna. La sábana que la cubría quedó en el piso, su piel sintiendo la calidez de la de el.
– ¿Esto va a ser doloroso? – No podía mantener sus labios alejados de su pecho. Tenía que probarlo. Le dio pequeños mordiscos que luego, lamió cuando su cuerpo se estremeció.
–Infiernos si lo sé, – gruñó el. De su pecho retumbó un sonido profundo, predador que tenía su origen en el anticipado placer. – Y también es condenadamente tarde para preocuparse por ello.
A pesar de la estrechez del camino de tierra, y de la escarpada colina que iban subiendo, la mujer aceleró el jeep a una velocidad increíble y de forma regular subiendo sobre el camino casi infranqueable.
–No estamos lejos ahora, – Prometió Jesamine cuando llegaban a la cima, después una curva, y al siguiente instante otra roca –Solamente unos minutos más.
Una vuelta mas y ahora ellas se encontraron directamente encima del medio de la amplia cala que atravesaba las dos montañas. Varios kilómetros mas adelante, dieron vuelta otra vez a un camino de grava que conducía a una cabaña de troncos grande y rústica. Por eso ella no podía encontrar el camino. Pensó. No había ningún maldito camino.
–Solamente tenemos que poner el jeep en el garaje – dijo Isabelle desde el asiento trasero. – Tendremos que llevarte abajo.
– Doc tiene un pequeño laboratorio debajo de la cabaña, en una caverna que encontramos cuando venimos por primera vez aquí. Lo seco del ambiente, hace que las condiciones sean propicias para su trabajo.
El vehículo estacionó en un amplio garaje, luego se detuvo bruscamente.
–Vamos. Jace estará aquí en un minuto, y quiero asegurarme que estés fuera de su vista cuando te tomen las muestras. – Jesamine le condujo a una puerta que se dirigía a unas frías escaleras.
–Pensé que las pruebas deberían hacerse muy cerca de Jace, – suspiró Clary. – No me gusta esto, Jesamine.
– Bueno, dale tiempo a Jace y te gustará menos, – rió en silencio Jesamine. – Él es mandón y arrogante. Lo amamos, pero a veces destroza nuestros nervios.
– ¿Que hay respecto a la cama? – Bromeó Clary, y siguió a Jesamine por la escalera débilmente alumbrada, pegándosele a sus talones cuando el camino dio una repentina vuelta saliendo a una gran caverna.
La caverna de piedra estaba intensamente alumbrada con luces brillantes, había diferentes mesas, ordenadores y máquinas complicadas.
– ¿Dónde está Frankenstein? – Suspiro, deteniéndose y mirando fijamente a su alrededor asombrada.
–Te dije, él está en camino. – Se escuchó la risa en la voz de Jesamine. –Ven, reunámonos con el Doc y conseguiremos las muestras que necesitamos. –
Muestras. Muestras de sangre, saliva, hasta una esponja en su vagina. Clary se acostó de espaldas en una camilla, una delgada sábana cubriendo la humedad de su cuerpo. Jesamine, Isabelle y el viejo doctor se movían constantemente alrededor de ella. Incluso tomaron muestras de su sudor. Esto no era cómodo, pero comparado con la furiosa lujuria que ella estaba sintiendo, esto no era tan fastidioso.
–Bien, estoy lista para el antídoto ahora, –Declaró Clary cuando comenzó a sentir las fuertes contracciones de su matriz, coincidiendo con las duras palpitaciones de su vagina. –Es tiempo de hacer algo aquí, chicos. –
El Doctor Martin se inclinó sobre un complicado microscopio, ordenadores y artefactos zumbaron cuando presiono el teclado, levantó la cabeza y comprobó su lectura. Dio un largo suspiro, sacudiendo la cabeza.
– ¿Doc? – Jesamine estuvo al momento de pie a su lado, leyendo los resultados sobre la pantalla del ordenador ella misma.
– Un acoplamiento, – refunfuñó el doctor, pasando su mano por su pelo gris, echando un vistazo encima de Jesamine. – Mira los resultados de combinar la esperma de Jace con sus secreciones vaginales.
–Bien, es tiempo ahora de explicárselo a Clary. – Ella se sorprendió al dudar de su propia voz y admitió el miedo que se hacía imposible de mantener a raya.
¿Qué sabía ella realmente de esta gente? Ellos podrían ser peligrosos. Esto podría ser algún espectáculo complicado para sus propios experimentos. Sintió su cuerpo temblar, no solo de lujuria, ahora con miedo.
– Está bien, Clary, – Aseguró Isabelle, con voz suave, vacilante. – Ninguno de nosotros trata de hacerte daño. Estoy segura que el Doc y Jesamine casi han terminado.
Clary alzó la vista hacia la otra mujer, viendo la compasión, las sombras de pesadillas y el oscuro dolor que se reflejaba en sus ojos cafés.
–Pienso que es tiempo de llamar a los Asombrosos siete, – susurró, pensando en sus hermanos. Ellos podrían arreglar algo. –Mis hermanos, – explicó ante la mirada confusa de Isabelle. – Ellos estarán muy molestos con esto. Realmente esta vez he metido la pata.
Sebastian, cabeza dura, antes de averiguar lo que había pasado, gritaría y ella también gritaría, entonces él probablemente mataría Jace. Tal vez esto no fuera lo mas inteligente, al menos no antes de que este problema con sus hormonas fuera arreglado.
– ¿Algunas otras muestras de esperma reaccionan a las excreciones? – Ella oyó que Jesamine preguntaba al doctor.
Oh. Señor, esto era malo. Ellos combinaban las muestras tomadas de su cuerpo con diferentes personas. Dijo Clary entre dientes.
–Suficiente. – Ella no esperó la respuesta del doctor. –Consíganme un teléfono. Es tiempo de llamar a casa.
–Clary, realmente no hay problema. – Isabelle se deslizó hacia adelante, su carita de corazón preocupada como la de Jesamine y el Doctor Martin que giraron hacia ella. –Solo un poco más y habremos terminado.
Clary sentada sobre la camilla, empezó a mover sus pies. Vestirse. Marcharse. Entonces un duro estremecimiento viajo por su cuerpo, su vagina se contrajo y una sacudida de increíble y feroz necesitad sacudió su cuerpo, obligándola a soltar un gemido por su garganta.
–Esto esta mal, – gimió, inclinándose y abrazando su estómago. – Oh Dios, esto esta mal. Es tiempo de ir a casa. –Repitió.
– Clary. – Jesamine se precipitó a su lado cuando sonidos y pitidos metálicos comenzaron a resonar por la caverna así como las máquinas, atadas al cuerpo de Clary por electrodos. Me voy. – Solamente un minuto
– Es tiempo. – Jace apareció de pie en la entrada del laboratorio, su pelo fluyendo sobre sus hombros desnudos, sus ojos de oro brillantes de lujuria.
Clary jadeó cuando él vino hacia ella. Ella tuvo que tocarlo, tenía que tenerlo junto a si. Él la miró, tan grande y duro y tan caliente. No hubo ninguna vacilación en ella cuando él la alcanzó, levantándola de la cama de laboratorio.
Ella gimió en voz alta cuando su piel ardiente tocó la de el, sus brazos la levantaron contra su pecho, giró y salió de la caverna. La sábana que la cubría quedó en el piso, su piel sintiendo la calidez de la de el.
– ¿Esto va a ser doloroso? – No podía mantener sus labios alejados de su pecho. Tenía que probarlo. Le dio pequeños mordiscos que luego, lamió cuando su cuerpo se estremeció.
–Infiernos si lo sé, – gruñó el. De su pecho retumbó un sonido profundo, predador que tenía su origen en el anticipado placer. – Y también es condenadamente tarde para preocuparse por ello.
CAPÍTULO DIEZ
Jace la llevó por la oscura casa, con pasos rápidos, sinuosos, pasaron por una cocina grande, una sala de estar rústica, luego por un largo pasillo, hasta que finalmente llegaron a una puerta que abrió con una patada, cerrándola tras de si, continuo caminando hacia la amplia cama que estaba en el extremo opuesto de la puerta.
Clary no tuvo tiempo de pensar y Jace no se lo pidió. Al momento en que su trasero tocó el colchón de la cama él se puso sobre ella, sus labios tomando los suyos, su lengua hundiéndose poderosamente en su boca.
Él sabor de ella era tan bueno. Con impaciencia, su lengua probó el lujurioso sabor picante de su boca, lo que al momento le alivió el dolor increíble de lujuria que se había posesionado de su cuerpo. Como un drogadicto, en los primeros segundos en que estuvo encima de ella, su cuerpo inició el alivio, las contracciones ásperas de su estómago parecieron disminuir. Pero ella no tomaba riesgos. Sus manos le tomaron por el pelo, atrayéndolo hacia si mientras su boca lo devoraba. Labios y lengua unidas, duras hambrientas, su respuesta hacia que lo impulsara más cerca, profundizando mas el beso.
Sus brazos estuvieron alrededor de ella, sus uñas arañando su trasero cuando ella se arqueó, su cuerpo desnudo atrayéndolo más cerca, desesperado por sentir cada célula de su cuerpo mas unida. Su áspero pecho, con su maraña de pelos color oro raspó sus pezones, rozándose junto a ellos al punto de dolor. Sus poderosos muslos separaron sus piernas, mientras con una mano le sostenía el trasero movió la otra hacia su pecho y siguió besándola.
Él lamió sus labios, mordisqueándolos, hizo entrar su lengua en su boca y la chupo, instándola para que Clary hiciese lo mismo. Más del gusto increíble de él. Se arqueó todavía más cerca, la carne desnuda de su parte baja empujando contra el largo y caliente grosor de su erección, esto era la gloria, su pene contra la carne suave.
–Tan bien, – susurró él contra sus labios, el estruendo de placer que resonó por su pecho haciéndola temblar. –Tus besos, Clary, tu sabor, es exquisito.
–Tu sabor lo es aún más, – jadeó ella, su cabeza arqueándose hacia atrás mientras su áspera, lengua le acariciaba el cuello.
Ah, esto era bueno. Realmente bueno. Caliente, con una fricción gentil que la hacia jadear cuando su lengua se movió despacio hacia sus pechos.
–No juegues conmigo, – pidió ella, retorciéndose entre sus brazos, sintiendo una calentura que la quemaba por dentro. –Tómame, Jace. No puedo soportarlo mucho más tiempo.
–Quiero probarte primero,– él la mordisqueó con los dientes, su lengua lamiendo sus pechos. –Quiero enterrar mi boca en tu vagina, Clary. El sabor de tu cuerpo es la mejor comida para mí.
Su mano se movió desde su abdomen, acariciando el camino hacia sus muslos separados. Ella casi gritó cuando sus dedos calientes y gruesos encontraron la estrecha raja empapada. Ella abrió los ojos, viendo su cara torcida de placer, la lujuria cruda que transformó su cara. Entonces, para su asombro, vio que el levantaba su mano y se la llevaba a su boca.
Dos dedos brillantes con los fluidos cremosos de su cuerpo. Ella gimió cuando él los metió a su boca, sus ojos oscureciéndose con una mirada de éxtasis cuando los probó. Latigazos de electricidad en la parte baja de su abdomen la hicieron sentir pesada con la sexualidad desbordante, sus labios estaban más llenos, su cara tensa, apretada con la necesidad que recorría su cuerpo.
– Tu sabor es tan delicado como la primavera, tan caliente como el verano, – su susurro áspero la torturaba. – Nunca he probado nada tan bueno, Clary.
–Ah, infiernos. Te gusta hablar, – gimió. – Dios, yo nunca pude soportar eso en las películas. Esto es demasiado sexy, Jace.
Él rió, formándosele unos lindos hoyuelos. .
– Quiero que conozcas cuan caliente y dulce es tu cuerpo, Clary, – le dijo misteriosamente, moviéndose, más abajo por el borde de su cuerpo. – Quiero decirte que estoy a punto de lamer tu dulce parte, y comer la delicada crema de tu cuerpo.
Sus caderas se arquearon involuntariamente ante el áspero sonido de sus palabras, así como por el significado de ellas.
–Pídeme que te coma, – Demandó él. – Di las palabras para mí, Clary. –
– Oh, Dios. – Sus ojos se abrieron aún mas, el dolor de desesperación de su cuerpo reflejado en su cara
Él la miraba acaloradamente, sus ojos con un brillo salvaje, caliente.
–Di las palabras para mí,– repitió. –Dame el permiso de devorarte.
Clary lamió sus labios, jadeando con fuerza cuando él abrió sus piernas aún más, sus dedos posicionados sobre la humedad de su carne.
– Sí, – ella gimió, sacudiéndose, desesperada por su toque. – Devórame, Jace. Por favor lámeme. Lámeme ahora - – Su cabeza se movió hacia atrás, mientras un fuerte estremecimiento le recorría su cuerpo.
Su lengua raspó la raja de sus labios inferiores hasta alcanzar el botón. Lentamente deslizo eróticamente la lengua y dejó a la intemperie ese botón tan caliente que sintió la fusión de frío-caliente. Sus fuertes manos detuvieron sus muslos sosteniéndoselos para que ella no los apretase alrededor de su cabeza.
– Mmm, – su ronco gemido de placer vibró contra su vagina. Ella sintió el pequeño botón latir de necesidad, rogar y suplicar.
Clary jadeó cuando él introdujo y lamió mas dentro de ella, su lengua trabajando en la entrada apretada de su vagina, que se retorcía cada vez mas, su parte que se apretaba y calentaba cada vez, en espasmos de placer contra su cuerpo.
Ella estaba tan ida ahora. Podía sentir un cúmulo de sensaciones, cosquilleo en la piel, la presión que aumentaba en su vagina cuando él le acariciaba sus labios vaginales y succionándoselos ligeramente con su boca.
–Oh..Si por favor, chupame. – Las obscenas palabras estallaron en su boca oyéndolas desde muy lejos desde la neblina de necesidad que la posesionaba, y los labios de Jace bebían a sorbos su carne. – Oh, si, Jace. Sí. Justo como eso, – casi gritaba ahora cuando él chupó su vagina mas profundamente, más duro. – Por favor. Ah por favor.
La estaba destruyendo. Su cuerpo se apretaba involuntariamente, cada hueso y músculo estando al alcance de su boca, el candente aire de sus labios, la humedad de su lengua. Esto la estaba matando, matándola con placer. El placer aumentaba, Ella podía sentir su corazón que luchaba por seguir latiendo, ante las demandas de su cuerpo, sentía que corría un maratón. De repente el placer la golpeó con fuerza y rápidamente, reventándose por sus venas, un placer proveniente de dentro y fuera de su cuerpo. El duro dedo masculino seguía deslizándose entre los suaves pliegues de su piel adentro y afuera, adentro y afuera. Su boca chupaba aún más rápido, su dedo empujando mas dentro de ella, llenándola, quemándola.
Ella escucho su propio grito ante la explosión de placer dentro de ella. Desesperada, con fuerza, con las caderas arqueadas, casi se sintió morir. Su clímax fue como una ola gigante, ahogándola, avasallándola sacudiendo y devastando su cuerpo, mientras ella se sostenía de su cabeza, rezando porque alguna ancla la sostuviera a la tierra. Esto no se terminaba. El caliente alivio, hacia que su vagina siguiera pulsando y latiendo, apretando aún mas el dedo de Jace, empapando su mano, sus muslos con un chorro de líquido que la habría horrorizado en cualquier otro momento.
Nuevamente su boca estuvo allí, devorando los líquidos de su orgasmo, su lengua hundiéndose en su vagina, aumentando el placer otra vez cuando la textura de su lengua raspó su carne sensible.
–Voy a joderte primero, – gruñó él su cuerpo moviéndose poderosamente, sus manos levantándola contra el duro miembro alojado contra la entrada a su vagina. – Voy a joderte hasta que grites nuevamente, Clary. Una y otra vez. Grita para mí, bebé.
Ella gritó. Con un duro empuje introdujo su grueso pene hasta el fondo. Ella sintió el escroto contra sus nalgas, observó la expresión de su hermoso rostro distorsionada en una mueca de placer sublime, sus ojos cerrados, su cuerpo arqueado, apretado, tenso.
* * * * *
Jace luchó por recuperar el aliento, por recuperar el control. Ella estaba tan apretada y caliente alrededor de su pene, sus músculos lo aprisionaron como un puño liso y aterciopelado. Control. Él tuvo que luchar por el control. Él podría controlar la poderosa lujuria furiosa en él, la exigencia de un coito duro y rápido. Ella se retorcía debajo de él, sus caderas arqueadas hacia su cuerpo, haciéndole más difícil su contención.
Rechinando los dientes, él se tragó un grito ante el placer increíble de la fricción de su miembro contra su cálido y sedoso canal. Su pene estaba tan sensible que esto era casi insoportable. Él podría sentir la pequeña saliente parecida a un bulto que surgía desde lo más profundo de su pene, despacio, revelándose de su antiguo escondrijo. Él rezó a Dios del que alguna vez él había dudado, que esto no le hiciera ningún daño a Clary. Que por una sola vez la parte inactiva de su miembro, el adn de su esperma no trajera ningún daño. Porque no había manera de que el pudiera detenerse
Ella se retorció bajo él, luchando por respirar, su cuerpo empapado de transpiración, su miel femenina empapando sus muslos y a el mismo. Él siguió empujando dentro de las profundidades apretadas de su cuerpo, que gemía con cada golpe de su ardiente vara, la exquisita sensación que raspaba su carne sensible, le volvía loco y el placer recorría su cuerpo.
Él gruñía, ante las extraordinarias sensaciones que sentía su cuerpo sobre Clary. Ella se retorcía contra él, su cabeza torciéndose contra las sábanas de la cama, arqueándose desesperadamente, suplicando por la liberación.
–Jace- Su súplica era un difícil jadeo, un gemido sin aliento, sus manos fueron a sus hombros, sus uñas arañando su piel.
Su áspero gruñido ante la sensación lo sorprendió. Sintió su miembro hincharse y palpitar. Se introdujo dentro de ella más profundo, con una mano le sostuvo su cadera con la otra la atrajo hacia si acercando sus pechos a su boca para devorarlos. Él no tenía suficiente de ella. Sus pezones eran duros, suculentos, las contracciones contra su pene, lo apretaban cada vez mas.
Ella se estaba acercando. Tan malditamente cerca. Y él también. Podía sentir espirales ardientes de fuego que se movían por su espina ahora, el aumento del grosor de su pene, el rompimiento de la dura membrana diminuta. Entonces todo explotó alrededor. En el siguiente embate que dio dentro de ella, sintió la membrana romperse totalmente, la sintió desgarrarse a través de la carne de seda de sus paredes vaginales, el área del evasivo punto G. Se detuvo con miedo a que sus duros empujes la desgarraran haciéndola daño. Pero el placer. El placer era diferente de cualquier cosa que había conocido. Se envolvió sobre la punta de su pene como dedos diminutos, ohhhh era el paraíso, al mismo tiempo escuchó el grito de Clary. Su cuerpo se arqueó, sus ojos se abrieron asombrados, su mirada fue salvaje y aturdida durante un segundo antes de que su orgasmo la golpeara. Ella se apretó alrededor de su miembro, mientras la sentía tan apretada y tan caliente, el no pudo hacer otra cosa que seguirla. Su gruñido gutural cuando sintió las sacudidas orgásmicas de su cuerpo le impresionó.
El orgasmo
dentro de una mujer normal, tan temido durante tantos años, destruyó su sentido
del equilibrio. Él podía sentir el movimiento, el roce de su pene contra las
paredes apretadas en donde estaba alojado, cada movimiento hacia que Clary
gritara, apretara y comprimiera, su orgasmo se alargaba mientras el se venía
dentro de ella. Ella estaba respirando con fuerza, llorando ahora, sacudiendo
la cabeza de un lado a otro ante su propio placer que comenzara a aliviarla, y
él sintió la pequeña saliente retroceder, débilmente dentro de su cuerpo.
Clary seguía temblando. Sus mejillas estaban mojadas por el sudor y sus lágrimas, y seguía respirando agitadamente. Sus pechos seguían hinchados, sus pezones eran pequeños picos que no habían disminuido con su clímax.
– Clary, – susurró su nombre gentilmente y la alivió de su peso, acomodándose al lado de ella, su mano limpiando la humedad de sus mejillas. – No llores más, bebé. No creo poder manejarlo.
Con la respiración jadeante, la tomó entre sus brazos, una mano apoyada en su espalda, y la otra alrededor de su cuello.
– ¿Te hice daño? – Él estaba aterrorizado de que quizás se lo había hecho, y no había sido consciente de ello.
Ella sacudió su cabeza contra su pecho. Un movimiento tan ligero como el de su lengua acariciando su piel. Jace tomó aliento profunda y cuidadosamente después de aquella pequeña caricia. Él todavía se sentía con fuerzas, y fácilmente podría tomarla otra vez, pero temía por ella. Ella era virgen, y no había habido suavidad en él cuando se había introducido de golpe dentro de su cuerpo sensible.
Ella susurró contra su pecho.
– ¿Qué? – Él se hizo hacia atrás, mirando fijamente en sus ojos aturdidos, apenados.
– ¿Qué es lo que dices?
–Te necesito otra vez. – Una lágrima cayó en su mejilla. –Necesito más, Jace.
Ella estaba agotada. Él podía verlo en su expresión, en sus ojos y escucharla en su voz. Era tímida, estaba confusa y asustada por las sensaciones aplastantes que controlaban su cuerpo.
– Shh, no llores, bebé. Solo tienes que pedirlo. – Él rió suavemente, sus pulgares limpiando las lágrimas de sus ojos.
Ella estaba tan cansada que esto le preocupó, pero él no podía ignorar su necesidad, no cuando era la suya también. La giró de lado, acomodando su pierna sobre ella y acercando sus nalgas contra él.
–Haremos que esto sea fácil, – le prometió. –Sé que estás cansada, Clary. –
Ella sacudió la cabeza, jadeando y, gimiendo cuando la gruesa longitud de su pene entró de nuevo en ella, estirándola, deslizándose en ella profundamente. El apretado canal lo recibió cálidamente, haciendo que sus dientes rechinaran por el placer renovado.
–Te sientes tan bien, – murmuró él en su oído mientras sus dedos le masajeaban los labios de su vagina y el clítoris con cuidado. –Tan apretada y caliente alrededor de mí, Clary. Completamente diferente a lo que yo alguna vez he sentido.
–Estamos drogados. Es por eso que...– ella jadeó. –Nos drogaste, Jace.
–Entonces yo me quedaría drogado para siempre, Clary. – Él mordisqueó el lóbulo de su oreja, adorando la profunda inspiración de su aliento, el modo en el que ella se empujó hacia atrás, hacia él.
–No hay placer sobre esta tierra que se iguale a tu hermosa vagina apretándose alrededor de mí.
– ¿Ah Dios, por qué esto suena tan sexy? – Gimió ella, apretándose contra el, temblando al sentir sus labios contra su cuello.
– Porque es sexy, – Le aseguró, riendo. Él lamió la carne suave bajo su oído, adorando los pequeños jadeos que ella hacía. –Esto es tan sensual y erótico y tan caliente como el infierno. – Él empujó más duro en la apretada vaina, rechinando los dientes ahora con placer.
–Nos mataremos el uno al otro antes de que la necesidad se vaya, – Jadeó. –Jace-– se escucho su súplica cuando él sintió los temblores recorriendo su vagina.
Él lo sintió también, el renacimiento de su savia, mientras sus embates se hacían más duros sobre su vaina.
– ¿Esto te hace daño, Clary? – Él se sentía torturado, aterrorizado, ¿y si se había equivocado, y ella gemía de dolor, a pesar de su necesidad? – Dime si esto te hace daño. Intentaré detenerme. –
Él enterró su cabeza en su húmedo cabello. Dios le ayudara si le hacía daño. Dios les ayudara a ambos.
– ¿Qué es esto?– Ella jadeó cuando el movimiento se hizo más rápido, mas profundo, más duro.
Jace no podía controlarse. Sus caderas comenzaron a empujar su miembro más fuerte dentro de ella, la extrema sensibilidad de su punta hacia que el placer fuera condenadamente bueno, él quería, gritar, quería aullar de placer.
– ¿Esto te hace daño? – Le preguntó otra vez, mordiéndose los labios, luchando por no perder completamente el control.
–No, – grito ella, su mano moviéndose hacia atrás para acercar más sus caderas a su espalda. – Ah, más. Necesito más.
Él empujó su estómago, que se movía detrás de ella, el instinto lo dirigía ahora, a punto de alcanzar el placer físico de alcanzarlo también con su mente.
Apretando más sus muslos subió de golpe su pierna a sus caderas apretándose más contra sus nalgas, sintiendo que su escroto se apretaba contra la base de su pene cuando siguió bombeando dentro de ella. Su cabeza bajó, sus dientes mordieron la sensible área entre el hombro y su cuello y ella gritó de placer. Y esto era el placer. Ella pedía más, sosteniendo todavía su mano en sus caderas, mientras el seguía mordiendo su cuello.
Él era un animal. El animal que siempre había temido que existía dentro de el. En su mente, Jace estaba horrorizado de sus propias acciones, pero estaba indefenso ante el frenesí que lo poseía. Su pene estaba erguido sólo a la mitad, su sensibilidad, el constante bombeo sobre las paredes apretadas de su vaginal y su suave carne. Esto era más de lo que él podría aguantar. No podría controlarse más.
Un primitivo y áspero gruñido le exigió su rendición, su sumisión cuando él se impulsó dentro de ella, una y otra vez. Ella gritaba ahora, su canal apretado, su cuerpo desesperado. Su miembro se extendió en toda su llena longitud, desgastándose, ella gritó con desesperación, sus músculos apretándose contra su erección cuando nuevamente su orgasmo se precipitó sobre ella. Jace se hundió profundo y con fuerza, su propio clímax estremeciendo su alma, los gruñidos constantes ahora rugiendo en su pecho cuando él sintió que se descargaba dentro de ella, los músculos apretados, su liberación.
Entonces ella se quedo quieta. Despacio, las piernas abiertas y Jace sintió su propia erección comenzar a disminuir por momentos. Su cuerpo se puso flexible, relajado y sabía que el sueño o la inconsciencia la reclamaban. También, sabía que sería un alivio bienvenido para ella.
Jadeando se puso al lado de ella. Tirando la sábana y el edredón de los pies de la cama, les cubrió a ambos, el cansancio se estaba acumulando sobre sus hombros. Acercó su cuerpo cerca de ella, aspirando su olor, su calor. Él estaba agotado. Nunca había tenido un clímax tan profundo ni tan fuerte. Como si su semilla hubiera estado en su alma, en lugar del apretado saco bajo su miembro.
–Mía, – él susurró la palabra apretándola junto a él con agotamiento. Estuvo consciente de su reclamación, y él admitir esto lo aterrorizó hasta el alma.
Clary seguía temblando. Sus mejillas estaban mojadas por el sudor y sus lágrimas, y seguía respirando agitadamente. Sus pechos seguían hinchados, sus pezones eran pequeños picos que no habían disminuido con su clímax.
– Clary, – susurró su nombre gentilmente y la alivió de su peso, acomodándose al lado de ella, su mano limpiando la humedad de sus mejillas. – No llores más, bebé. No creo poder manejarlo.
Con la respiración jadeante, la tomó entre sus brazos, una mano apoyada en su espalda, y la otra alrededor de su cuello.
– ¿Te hice daño? – Él estaba aterrorizado de que quizás se lo había hecho, y no había sido consciente de ello.
Ella sacudió su cabeza contra su pecho. Un movimiento tan ligero como el de su lengua acariciando su piel. Jace tomó aliento profunda y cuidadosamente después de aquella pequeña caricia. Él todavía se sentía con fuerzas, y fácilmente podría tomarla otra vez, pero temía por ella. Ella era virgen, y no había habido suavidad en él cuando se había introducido de golpe dentro de su cuerpo sensible.
Ella susurró contra su pecho.
– ¿Qué? – Él se hizo hacia atrás, mirando fijamente en sus ojos aturdidos, apenados.
– ¿Qué es lo que dices?
–Te necesito otra vez. – Una lágrima cayó en su mejilla. –Necesito más, Jace.
Ella estaba agotada. Él podía verlo en su expresión, en sus ojos y escucharla en su voz. Era tímida, estaba confusa y asustada por las sensaciones aplastantes que controlaban su cuerpo.
– Shh, no llores, bebé. Solo tienes que pedirlo. – Él rió suavemente, sus pulgares limpiando las lágrimas de sus ojos.
Ella estaba tan cansada que esto le preocupó, pero él no podía ignorar su necesidad, no cuando era la suya también. La giró de lado, acomodando su pierna sobre ella y acercando sus nalgas contra él.
–Haremos que esto sea fácil, – le prometió. –Sé que estás cansada, Clary. –
Ella sacudió la cabeza, jadeando y, gimiendo cuando la gruesa longitud de su pene entró de nuevo en ella, estirándola, deslizándose en ella profundamente. El apretado canal lo recibió cálidamente, haciendo que sus dientes rechinaran por el placer renovado.
–Te sientes tan bien, – murmuró él en su oído mientras sus dedos le masajeaban los labios de su vagina y el clítoris con cuidado. –Tan apretada y caliente alrededor de mí, Clary. Completamente diferente a lo que yo alguna vez he sentido.
–Estamos drogados. Es por eso que...– ella jadeó. –Nos drogaste, Jace.
–Entonces yo me quedaría drogado para siempre, Clary. – Él mordisqueó el lóbulo de su oreja, adorando la profunda inspiración de su aliento, el modo en el que ella se empujó hacia atrás, hacia él.
–No hay placer sobre esta tierra que se iguale a tu hermosa vagina apretándose alrededor de mí.
– ¿Ah Dios, por qué esto suena tan sexy? – Gimió ella, apretándose contra el, temblando al sentir sus labios contra su cuello.
– Porque es sexy, – Le aseguró, riendo. Él lamió la carne suave bajo su oído, adorando los pequeños jadeos que ella hacía. –Esto es tan sensual y erótico y tan caliente como el infierno. – Él empujó más duro en la apretada vaina, rechinando los dientes ahora con placer.
–Nos mataremos el uno al otro antes de que la necesidad se vaya, – Jadeó. –Jace-– se escucho su súplica cuando él sintió los temblores recorriendo su vagina.
Él lo sintió también, el renacimiento de su savia, mientras sus embates se hacían más duros sobre su vaina.
– ¿Esto te hace daño, Clary? – Él se sentía torturado, aterrorizado, ¿y si se había equivocado, y ella gemía de dolor, a pesar de su necesidad? – Dime si esto te hace daño. Intentaré detenerme. –
Él enterró su cabeza en su húmedo cabello. Dios le ayudara si le hacía daño. Dios les ayudara a ambos.
– ¿Qué es esto?– Ella jadeó cuando el movimiento se hizo más rápido, mas profundo, más duro.
Jace no podía controlarse. Sus caderas comenzaron a empujar su miembro más fuerte dentro de ella, la extrema sensibilidad de su punta hacia que el placer fuera condenadamente bueno, él quería, gritar, quería aullar de placer.
– ¿Esto te hace daño? – Le preguntó otra vez, mordiéndose los labios, luchando por no perder completamente el control.
–No, – grito ella, su mano moviéndose hacia atrás para acercar más sus caderas a su espalda. – Ah, más. Necesito más.
Él empujó su estómago, que se movía detrás de ella, el instinto lo dirigía ahora, a punto de alcanzar el placer físico de alcanzarlo también con su mente.
Apretando más sus muslos subió de golpe su pierna a sus caderas apretándose más contra sus nalgas, sintiendo que su escroto se apretaba contra la base de su pene cuando siguió bombeando dentro de ella. Su cabeza bajó, sus dientes mordieron la sensible área entre el hombro y su cuello y ella gritó de placer. Y esto era el placer. Ella pedía más, sosteniendo todavía su mano en sus caderas, mientras el seguía mordiendo su cuello.
Él era un animal. El animal que siempre había temido que existía dentro de el. En su mente, Jace estaba horrorizado de sus propias acciones, pero estaba indefenso ante el frenesí que lo poseía. Su pene estaba erguido sólo a la mitad, su sensibilidad, el constante bombeo sobre las paredes apretadas de su vaginal y su suave carne. Esto era más de lo que él podría aguantar. No podría controlarse más.
Un primitivo y áspero gruñido le exigió su rendición, su sumisión cuando él se impulsó dentro de ella, una y otra vez. Ella gritaba ahora, su canal apretado, su cuerpo desesperado. Su miembro se extendió en toda su llena longitud, desgastándose, ella gritó con desesperación, sus músculos apretándose contra su erección cuando nuevamente su orgasmo se precipitó sobre ella. Jace se hundió profundo y con fuerza, su propio clímax estremeciendo su alma, los gruñidos constantes ahora rugiendo en su pecho cuando él sintió que se descargaba dentro de ella, los músculos apretados, su liberación.
Entonces ella se quedo quieta. Despacio, las piernas abiertas y Jace sintió su propia erección comenzar a disminuir por momentos. Su cuerpo se puso flexible, relajado y sabía que el sueño o la inconsciencia la reclamaban. También, sabía que sería un alivio bienvenido para ella.
Jadeando se puso al lado de ella. Tirando la sábana y el edredón de los pies de la cama, les cubrió a ambos, el cansancio se estaba acumulando sobre sus hombros. Acercó su cuerpo cerca de ella, aspirando su olor, su calor. Él estaba agotado. Nunca había tenido un clímax tan profundo ni tan fuerte. Como si su semilla hubiera estado en su alma, en lugar del apretado saco bajo su miembro.
–Mía, – él susurró la palabra apretándola junto a él con agotamiento. Estuvo consciente de su reclamación, y él admitir esto lo aterrorizó hasta el alma.
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