Clarisa
Morgensten es la periodista que ha descubierto el secreto de Jace y que lo
tentará hasta puntos insospechados. Pero lo que ambos no saben es que cuando un
miembro de las castas encuentra a su compañera se ven sumergidos en un estado
febril de lujuria que puede consumirlos a ambos y del que no hay escapatoria. Lenguaje Adulto y Escenas explicitas de
Sexo
Historias
contadas con personajes de diversas autoras juveniles en un mundo y contexto
diferente.
Escenas
de sexo explicito y lenguaje adulto. Estan advertidos!
EPÍLOGO
– Wayne Dubrow, reportando desde el Senado
de Washington, sobre ingeniería de ADN e investigación. Jace Wayland, el hombre
presuntamente manipulado genéticamente, creado por un grupo de científicos que
trabajaban con ingeniería genética modificada, apareció ante el comité del
Senado esta tarde. Lo acompañaba, su prometida Clary Morgenstern, hija de Valentine Morgenstern dueño del
periódico National Forum, así como también una docena de doctores, científicos
y especialistas de ADN que los esperaban
desde hacía semanas para verificar su reclamo.
El Sr. Wayland, y cuatro miembros más de su familia, quienes también experimentaron
estas horrorosas pruebas, dieron un conmovedor testimonio ante los miembros del
Senado y de la prensa. –
El reportero estaba de pie majestuoso,
sombrío ante el edificio del senado, con voz ronca y emocionada, detalló los testimonios dados, sobre todo por
dos de las jóvenes. El mundo entero, estaba sujeto y embelesado por la rubia
belleza tranquila, la debilidad tímida de la dorada morena. Pero era los
hombres, sus rostros y ángulos
perfectos, los que los golpearon con la verdadera historia de su vida.
Jace Wayland, el jefe de la familia,
orgulloso y firme, su mirada ámbar directa y franca, informó a los Senadores y a varios
legisladores de los horrores de los que habían escapado. Las muertes, las
crueldades, las identidades de mercenarios, soldados, millonarios, figuras
políticas y públicas complicadas. Aquellas figuras políticas estaban
perceptiblemente ausentes.
Los científicos hablaron, entre ellos, el
Doctor Martin, el especialista de ADN que había tratado a cada miembro desde su
nacimiento y los había acompañado después de su atrevida fuga y la muerte de su
propia familia. La propia familia Morgenstern, coopero con pruebas. Años de
investigación y evidencia habían sido
reunidas. Ninguna piedra se dejó sin levantar. La historia era horrorosa,
provocando compasión internacional y el apoyo para sus orgullosos miembros que
habían luchado por vivir sus vidas en paz.
* * * * *
Sumergido en la selva africana, un enlace
satélite recibía la historia, una pareja sentada la observaba silenciosa. El
macho, una versión más vieja de Jace,
tranquilo, tenso. La mujer, una pequeña doctora de cabello oscuro lloraba silenciosamente. Contaban su
historia. Este macho, Jace Wayland, había logrado la victoria, cuando ellos no
la habían conseguido.
Se tomaron de las manos, y el macho, Leo
Vanderale, sabía que ellos harían su propio viaje pronto, y se reunirían con el
hijo que habían procreado treinta años antes. Quizás su hijo finalmente fuera
libre de su pasado entonces, y del peligro por el que ellos se habían ocultado
de él por tanto tiempo.
* * * * *
Profundamente escondido en las montañas de
México, un escenario diferente estaba ocurriendo. Agentes mexicanos y
estadounidenses estaban rodeando un laboratorio oculto, el fuego estalló cuando
los científicos intentaron destruir la evidencia de pruebas y vidas cuando los
encontraron. Los bebés gritaban, con sonidos tanto humanos como animales, los experimentos
adultos cogieron a sus niños en la conmoción y huyeron hacia la salida.
Luchando por salir entre el humo y el fuego, para evitar a los agentes de la
ley que intentaban rodearlos, y a los
soldados que intentaban matarlos.
Unos duros ojos grises inspeccionaron la
escena mientras media docena de hombres y mujeres, y cuatro niños evitaron la
destrucción y escaparon. Él los siguió rápidamente, podría ocultarlos mientras lo necesitaban. Se
condenaría en los infiernos si dejaba que los atrapasen como animales.
* * * * *
El General Morris Goveny estaba de pie sobre
el cadáver de su oficial de seguridad. Los agentes apuntaban sus armas contra
él, los duros ojos de funcionarios mexicanos y estadounidenses lo condenaban.
Él era el orgullo del Consejo de Genética,
su laboratorio era supuestamente el más secreto, los híbridos de lobo que
habían criado eran especimenes más
excepcionales aún. Y todo esto se derrumbaba alrededor de sus propios ojos.
Su oficial de seguridad había muerto de un
tiro por los bastardos que asaltaron los
laboratorios, el doctor a cargo había abandonado los laboratorios en la primera
ronda de fuego. El General se consideraba mucho más listo. Levantó sus manos
encima de sus hombros, mirando fijamente
las expresiones de condena de los que habían venido por él.
–Ellos son animales. Herramientas y nada más,
– refunfuñó mientras la televisión zumbaba detrás de él, el reportero listando
los rasgos de los que él llamó Híbridos Humanos Genéticos. –No son humanos. No
realmente. –
Inhumanos, animales, creados para servir,
para obedecer los dictados de sus amos. Sus ojos se estrecharon cuando,
por los monitores de la televisión vio
los jeeps saliendo del complejo. Desde luego, ellos se habían escapado. Sus
creaciones, sus animales domésticos. De momento estaba derrotado, pero juró que
llegaría el día en que ellos pagarían.
–General Goveny, esta usted bajo arresto. –
Un alto funcionario estadounidense dio un paso adelante con decisión.
Los labios de Goveny se torcieron como si se
burlara de la censura que vislumbraba en la mirada del otro hombre.
–Aprenderán que ellos no son animales
domésticos de sociedad, – mordió entredientes. –Son animales. Salvajes,
inhumanos. Deben de ser entrenados, confinados… –
–Usted, Señor, será el único que estará
confinado. – Dijo esposándolo. –Debido a su indiferencia criminal y sus locas
órdenes, los laboratorios están destruidos, así como cada una de las especies.
Sus clases están muertas, pero le prometo que usted pagará por el crimen de su
nacimiento. –
Él ocultó su sonrisa. Ocultó sus planes.
Ellos no estaban muertos. Pero él se prometió que pronto desearían estarlo.
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